Y entonces, ocurre…

Después de semanas de combatir una enferma adicción, de una neurosis y estrés constantes que impiden concentrarse y llevar acabo el día a día con normalidad; de vivir dentro de una prisión por seguridad propia para no volver a caer en la dinámica de abuso…

Después de ese tiempo, pasa.

Pasa que lo ves cruzar con sus amigos, sonriendo o a carcajadas, y lo ves por quien es en realidad.

Ocurre que eres tú quien conoce el verdadero rostro de esa persona, la cual ha mantenido a lo largo de tantos años a sus amistades y a gente cercana bajo una ilusión de carisma y buen humor.

Eres tú, sobreviviente, quien de repente, comienza a darse cuenta que él es una persona peligrosa, capaz de provocar un deterioro significativo en las personas de noble corazón.

Lo ves por quien es en realidad: Un farsante. Un espejo de aquello que su entorno social le dicte imitar. Un manipulador de percepciones y de ideas. Un ser sin un gramo de amor propio y capaz de reproducir a la perfección cualquier emoción humana.

Sabes, y sólo tú lo sabes, que él es un farsante.

Y lo ves pasar y no cruzas mirada con él.

Y lo ves reir y no te provoca nada.

Y lo ves cabizbajo cuando pasa a tu lado, pues sabe que ha cometido un grave error; uno del cuál jamás recibirá perdón alguno.

Lo ves cada semana, pero ahora con otros ojos.

Ahora, sobreviviente, lo ves sin esas gafas que tuviste durante todo este tiempo.

Y esas gafas se rompieron gracias a que mantuviste contacto cero a rajatabla.

Ahora, tus ojos ven el abuso por lo que es.

Ahora sabes que todo ese dolor, todas esas lágrimas, todo ese maltrato no fueron una ilusión. No fueron un accidente.

Te percatas que tú no fuiste culpable por todo el daño que te provocó esa persona, a quien ahora ves con una mirada de desdén, de coraje, de lástima, pues sabes que esa persona es incapaz de experimentar amor, y que todo aquello que lleve a cabo durante su vida no logrará saciar nunca, ni en mil años, su patológico apetito por recibir estímulos nuevos.

Lo ves y ahora sabes que, sin importar quién pase por su vida, no existirá persona en este universo que sea capaz de “curar” su patrón de conducta.

Y aunque sus amigos te saluden con amabilidad y pretendan que las cosas entre ustedes vuelvan a estar bien… Tú ahora sabes que no tiene sentido dar marcha atrás, porque ser amigo de una persona que te ha tratado con tanto odio es una grave falta a tu propia dignidad, la cual perdiste a lo largo del camino.

Así que, sobreviviente… Ahora eres digno de una vida llena de amor y de prosperidad.

Rodeate de gente que impulse tus sueños y te haga crecer.

Ayuda a más personas que requieran salir de una situación similar.

Confía en que las cosas irán mejor en la medida que definas límites saludables.

Y date el lujo de enviar al exilio eterno a todo aquel que haya dudado de ti o que te haya puesto el pie para llevar a cabo tus sueños.

Esa gente, abusadora o no, narcisista o no, psicópata o no, es gente que no debe formar parte de tu universo.

Limpia tu propio universo.

Crece.

¡Brilla!Sunrise, Kauai

Pues has sobrevivido a una de las batallas más fuertes que pueden existir: La batalla contra tus propios miedos e inseguridades.

Les envío un fuerte abrazo querid@s amig@s.

Contacto Cero! No hay otro camino!

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