El amor, apego y dependencia emocional, en cualquier dinámica de control y maltrato son el pilar central que sostiene la relación por tiempo indefinido.

Nosotros, sobrevivientes de abuso (ya sea por corto o largo tiempo) encallamos en el mismo sitio, después de haber atravesado una de las tormentas más agresivas en nuestro trayecto por la vida.

Muchos, por desgracia, no tienen la oportunidad de abrir los ojos ante los patrones de conducta que les mantienen atados a repetir la misma dinámica y tipo de relaciones tóxicas una y otra vez.

Para los que hemos sido lo suficientemente afortunados de haber dado con grupos de soporte (además de toda la información, [vídeo]blogs y sitios que abundan en internet sobre trastornos de personalidad y mecanismos adaptativos), el sabernos acompañados en nuestro proceso de recuperación ofrece una tranquilidad abrumadora que facilita bastante el poder salir adelante.

Durante el Contacto Cero nuestro cerebro inicia un prolongado periodo de desintoxicación en el cual aquella gigantesca madeja de mentiras creada por el abusador al fin puede ser vista por lo que es: Una construcción elaborada con el único fin de mantener atada a la víctima por tiempo indefinido.

Como personas de criterio equilibrado, al vernos sumergidos dentro de un mar de falsedad se detona al interior una desesperación y un desbalance emocional significativos.

Queremos, a toda costa, comprender la mente del abusador.Intentamos, sin éxito, encontrar las piezas faltantes del rompecabezas que el trastornado se ha encargado de colocar alrededor de nuestra mente.

Después de un tiempo, nos percatamos que es simplemente imposible dado que se trata de piezas que viven en el imaginario. No se trata de recuerdos cimentados en el mundo real.

Para el abusador, bombardear a su presa con ideas, memorias y personajes ficticios es una forma de sentirse superior.

Recordemos que los abusadores emocionales actúan de este modo para compensar un profundo complejo de inferioridad, el cual se ve desplazado tan pronto proyectan sus carencias y defectos en terceros (pareja, amigos y/o conocidos).

Una persona que se tiene una estima saludable no ve la necesidad de atacar las cualidades o logros de los demás para validar su propia existencia.

Un abusador sí. Es parte fundamental de su actuar y es por este simple hecho que cualquier oportunidad para mostrarse más “inteligente” o capaz que otros será explotada y llevada hasta sus últimas consecuencias.

Aunada a su necesidad de sentirse superior, está también su obsesiva sed de control y poder, tanto del entorno como de aquellos con quienes convive de manera cotidiana.

La forma más económica para llevar a cabo esto es mediante la negación de la realidad y a través de la mentira.

Mentir le brinda al abusador la posibilidad de controlar por completo el entorno dentro del cual convive con sus amistades y personas allegadas.

Un mundo falso tiene la cualidad de ser moldeable a voluntad de su creador, lo cual le brinda control total sobre lo que en él ocurre, manipulando así la percepción no sólo que él tiene sobre sí mismo sino en cómo es que los demás lo perciben a él.

La única forma en la que es posible convivir con una persona de esta naturaleza (y esto definitivamente NO es lo que queremos) es absorbiendo su mundo sin cuestionarlo, ya que esto último podría provocar uno de dos escenarios: Detonar la ira narcisista o encontrarse frente una barrera imposible de atravesar.

La ira narcisista y el desprecio del trastornado hacia el otro, surten efecto sólo cuando existe algún tipo de vínculo presente.

El temor a la pérdida de la relación (amistad o noviazgo) es el factor principal por el cuál la víctima permanece bajo el hechizo por tanto tiempo.

El abusador conoce a la perfección las necesidades afectivas de sus parejas sentimentales al igual que el efecto que su carisma y personalidad pueden tener en sus amigos y gente cercana.

Aprovechándose de esto, con descaro insulta la inteligencia de aquellos que lo rodean, inflando su dañado ego y burlándose a la par de la realidad misma, demostrándole a esta que es posible obtener lo que uno quiere sin necesidad de tener cimientos en tierra firme.

En caso de ser confrontado sin detonar su ira irracional, a pesar de tener evidencia en mano, el abusador negará categóricamente todas y cada una de las acusaciones en su contra, ya que se trata de una batalla entre personas que habitan en 2 mundos completamente distintos.

Imaginemos estar frente a una persona que vive dentro de un universo paralelo, imposible de alcanzar o sentir; intangible y que se rige por leyes totalmente ajenas a las que nosotros conocemos.

Esto vuelve inútil cualquier aproximación que busque conciliar esa incertidumbre latente que se experimenta después del rompimiento.

Dado que vivir dentro de una falsa realidad es parte fundamental para el trastornado, cualquier intento por fracturarla será un gasto energético para la víctima.

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Se intenta pinchar una burbuja de aire. La aguja, los hechos y evidencia, intentan de algún modo desarticular esa burbuja como si de un globo de tratase, sin embargo nos frustra encontramos con que esa burbuja no tiene bordes. No hay fronteras que la hagan coincidir con nuestro mundo.

Es, en efecto, una esfera impenetrable, mas no por ser de una solidez excepcional; lo es porque no habita dentro de la realidad. Flota suspendida dentro de un universo imposible de alcanzar: El universo del abusador.

Por esta razón, como sobrevivientes de una relación tóxica, es inútil intentar sentarse frente a frente  ante el trastornado a la espera de que éste reaccione de algún modo y ofrezca disculpas ante el maltrato vivido.

Ellos no son capaces de sentir remordimiento por sus acciones ya que, como se ha explicado, se trata de un mundo construido para único beneficio del abusador.

Bajo sus reglas, todo tiene una justificación.

A sus ojos, fue culpa nuestra por haber caído en el juego desde el principio.

Una vez comprendido lo anterior, la única salida viable para víctimas de abuso y maltrato psicológico/emocional es el dejar atrás ese apego tóxico que nos mantuvo atados al recuerdo de una mentira prolongada.

Mismo apego que se convirtió en un secuestro de meses o años, y que sólo nos hará seguir en ese mismo estado a pesar de encontrarnos cientos de kilómetros lejos del narcisista.

¿Cómo llegar a este punto?

El primer paso es admitir que nos encontramos frente a un patrón de conducta y que la otra persona difícilmente sentirá la necesidad por cambiar su forma de ser.

Ser honestos con nosotros mismos. Admitir que todo el dolor y los estragos que dejó el paso del abusador formarán parte de nuestra historia y que es nuestra responsabilidad (y de nadie más) el poder salir adelante.

Podremos apoyarnos en tanta gente como sea necesario y, en realidad, es fundamental buscar ayuda (profesional o empírica) por cuantos medios sea posible.

El poder que tiene un narcisista sobre su presa se da gracias al silencio prolongado de la víctima.

Por ello, compartir nuestra historia ante personas que han atravesado situaciones similares es primordial, a la par del apoyo profesional de especialistas en violencia doméstica y en relaciones de maltrato físico y emocional.

Habiendo entrado en Contacto Cero, se facilita este proceso sobremanera, dado que ya no hay forma en la que el abusador siga infligiendo daño o reinicialice los procesos tóxicos que fomentaron el apego enfermizo y neurótico de la víctima hacia él/ella.


Una vez cubierto esto, se deberá entrar a un periodo en el cual tendremos que abandonar cualquier deseo por validar lo vivido teniendo de frente al narcisista.

De nueva cuenta, no sólo es inútil sino que podría generar un retroceso importante, provocando Amnesia de Abuso en la que se reidealiza al abusador, recordando únicamente los pocos momentos buenos que se dieron durante la relación.

Es primordial que el sobreviviente se enfoque sólo en su bienestar y en llevar a cabo acciones que le lleven hacia una recuperación del autoestima y del cariño propio, los cuales fueron aniquilados durante el transcurso de la interacción.

Tan pronto la víctima se encuentre dentro de un estado activo de bienestar y búsqueda por un equilibrio emocional, se aproximará poco a poco al momento en el cual comience a percatarse que todo el daño recibido cumple una función adicional: Brindarle la capacidad de introspección para cambiar su propia conducta e impulsarle hacia un futuro en el cual sea prácticamente imposible volver a permitir situaciones de la misma naturaleza.

Es en este instante cuando, por fin, comenzamos a desapegarnos del narcisista e iniciamos un poderoso y excepcional despertar de la conciencia.

Aquí es cuando el verdadero cambio ocurre dentro de uno.

Nuestro sufrimiento y todo ese dolor eran tan sólo un síntoma de un problema mucho mayor: La ausencia de amor propio.

El trastornado seguirá condenado a repetir su conducta sin cesar, mientras que un sobreviviente, empático y con genuina capacidad de amar podrá no sólo salir adelante sino seguir su camino, ayudando a más personas a romper el círculo vicioso del abuso que ha sido perpetuado por siglos y siglos.

Se convierte así en una experiencia de vida. En un parteaguas que marca un antes y un después en los sobrevivientes de abuso que estén dispuestas a abandonar su postura de víctima indefensa.

Este es un punto muy importante, ya que será prácticamente imposible para un sobreviviente de abuso emocional dejar atrás sus propios patrones de conducta si éste permanece en el mismo estado que el narcisista: El de la víctima perpetua.

Sí, somos sobrevivientes y fuimos víctimas de un abuso brutal y prolongado. Sin embargo, tenemos la posibilidad no sólo de mejorar nuestra vida y nuestro entorno a través de acciones concretas; también podemos mejorar nuestro futuro y el de mucha más gente de formas genuinas (algo imposible para narcisistas y psicópatas).

Despegarnos poco a poco de lo que atravesamos durante la relación tóxica nos dará la oportunidad de ver con abrumadora claridad los acontecimientos que nos llevaron gradualmente a caer dentro de la telaraña.

Es inevitable llegar a ese sitio si se parte de un compromiso y disciplina enfocados a nuestra recuperación día con día, semana tras semana.

Adquirir esa visión panorámica de los trastornos de personalidad y nuestros propios patrones de conducta facilitará la labor interna de curación y asimilación de los hechos.

Así que, sobreviviente, debes ser muy paciente contigo mismo.

No te sientas forzado a llevar a cabo acciones que consideres prematuras o que te hagan sentir incómodo, ya que este tipo de saltos inesperados podrían provocar un retroceso en un tu propia recuperación.

Procura a toda costa mantenerte firme en el Contacto Cero.

Recuerda que al estar alejado del agente tóxico te será mucho más fácil conciliar los hechos y salir de esa enorme burbuja de mentiras.

Cada semana transcurrida te alejará del mundo del narcisista y te aproximará inevitablemente a tu propia realidad.

No dejes de ver mirar hacia adelante y ten compasión contigo en caso de que flaquees y retrocedas durante tu recuperación.

Recuerda que hay una gran diferencia entre los tropiezos que ocurren cuando caminamos hacia el futuro y los que nos regresan hacia el pasado.

Si tropiezas, ponte de pie y sigue adelante, ya que cada tropiezo te abrirá aún más los ojos.

Si tu convicción es fuerte y decisiva, las recaídas incluso te servirán para confirmar que ya te encontrabas en el camino correcto, pues no sólo lo has escuchado por todos lados; ahora tú también lo crees con convicción: No hay mejor forma de recuperarse de una relación de abuso emocional más que aplicando Contacto Cero y cuidándote a ti mismo como si tu vida dependiera de ello.

Fluye. No te detengas. Abandona tu ego y enfócate tan sólo en seguir adelante, no en querer cambiar al narcisista o en encontrar respuestas donde nunca las podrás encontrar.

Hazlo POR TI. ¡Te lo mereces!

(Te dejo con una cita de Bruce Lee que ayudará a ejemplificar lo anterior.)

Vacía tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza, si pones agua en una botella se convierte en la botella, si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Se como el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”. — Bruce Lee

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