Aún recuerdo aquellas noches en las que no podía conciliar el sueño por pensar que nada de lo que yo hiciera podría hacerte feliz.

Recuerdo muy bien los momentos en los cuales me era tan complicado llevar a cabo mi día a día por estar al pendiente de lo que tú hacías a mis espaldas.

Los insultos y ataques que recibí por parte tuya cuando te confrontaba sobre tal o cual persona con la cual yo sabía que tú te veías sin que quisieras que yo me enterara.

Hago memoria y me duele verme por los suelos, incapaz de levantarme de la cama por no saber a ciencia cierta quién era yo, qué es lo que hacía ahí dentro contigo, infeliz, deprimido, fingiendo ante el mundo que las cosas marchaban bien cuando en realidad yo no quería seguir adelante.

Pero me era imposible. No podía terminar contigo porque sabía que, si lo intentaba y hacía las cosas bien, tú cambiarías por un instante y te comportarías del mismo modo que solías hacerlo al principio.

Me mantuve al pendiente de tus necesidades y de todo aquello que yo sabía podría hacerte entrar en razón aunque fuera por unas horas.

Y sí. Lo lograba. Volvías a ser esa persona amorosa, cariñosa conmigo pero sólo por unas horas, tan sólo para regresar a ser ese rufián que se encargaba de hacerme sentir mierda todo el tiempo.

Me llevaste al punto de la locura en más de una ocasión.

Me hiciste pensar que nadie sería capaz de quererme o respetarme.

Interioricé todos y cada uno de tus ataques hasta llegar a dudar sobre quién era yo en realidad.

Y todo esto ocurría mientras yo, a escondidas, me mantenía al pendiente de tu bienestar y ocultaba los moretones y las heridas abiertas que mi corazón acumulaba semana tras semana ante el mundo.

Porque allá afuera la gente lo sabía: Yo estaba bajo tu merced. Yo era tu esclavo y la imagen que todos tenían de mi era la de una persona sumisa, agachona, débil y cobarde.

Pero ellos no tienen la más remota idea sobre cómo fue que llegué a ese punto.

No imaginan la cantidad de cosas que viví a tu lado y que me hicieron creer que tú, en realidad, eras una persona capaz de mostrar y recibir afecto.

Que tan sólo habías sido víctima de muchas injusticias y que yo, con mi cariño, atención y tiempo, lograría hacerte entrar en razón para que todo ese odio que lanzabas en mi contra escapara de tu corazón y pudieras al fin saber lo que sería amar a alguien de verdad del modo que yo lo hice contigo.

Pero ¿sabes algo? Me llevó tiempo admitir las cosas.

Tuvieron que transcurrir meses de dolor y sufrimiento constante para que yo, al fin, cayera en cuenta de la cruda realidad:

Tú jamás cambiarás.

Tú eres una persona que ha ido por la vida haciéndose la víctima para provocar en los demás un deseo por ayudar y brindarte apoyo constante.

Eres una persona muy astuta, capaz de engañar a la gente y hacerle sentir que ha encontrado en ti a alguien que comprende a la perfección su forma de pensar.

Has estudiado con detenimiento el comportamiento de quienes te rodean para poder dar con sus puntos débiles, a través de los cuales tú atacas sin piedad para insertarte por completo en su recuerdo.

Vas por la vida añadiendo máscaras e información a tu falsa personalidad, la cual moldeas y adaptas de acuerdo a las circunstancias.

Eres un actor profesional que en cuestión de horas logra atrapar la atención de la gente, haciéndole creer que ha dado con una persona que comparte tantas cosas en común.

Pero todo lo que tú proyectas en ellos es falso, como tú.

Todas esas cosas que me hiciste sentir al inicio eran falsas.

Esa conexión trascendental que provocaste en mi no era mas que una herramienta de seducción en tu arsenal.

Tu único fin, desde el comienzo, era atraparme y volverme una persona dependiente de tu aprobación, para después poder actuar sin piedad e iniciar una guerra dentro de mi propia mente y corazón.

Tu objetivo no era crecer junto a mí sino acabar con todas y cada una de las cualidades y talentos que notaste yo poseía y que incluso quería compartir contigo, pero tu odio y envidia patológicas te volvieron un rufián.

Me hiciste pensar que nada de lo que yo hacía era importante. Que ninguna de las cosas que yo hasta ese momento hacía por gusto tenían relevancia. Y dado que yo te guardaba mucho cariño y pensaba que estabas ahí para apoyarme, creí en lo que me decías y llegué a dudar poco a poco sobre mi propia identidad.

Conforme pasaron los días, dudé sobre mi capacidad de superarme ya que toda mi energía y mi tiempo se volcaron por completo hacia ti, en querer apoyarte, en estar ahí para obtener esa validación que lentamente esclavizaste mediante un lavado de cerebro que provocó en mi inseguridades y miedos muy profundos.

Sin darme cuenta secuestraste mis sueños y metas y las metiste dentro una bóveda inalcanzable para después reemplazarlos con los tuyos.

Me convertí en una extensión de ti y tú te aprovechaste de esto.

No mediste tus palabras ni tus acciones.

Me hiciste tanto daño fue posible y me llevaste al grado de rogarte, de humillarme, de llorar por obtener aunque fuera un poco de aquello que al inicio tú me hiciste creer eras capaz de generar por cuenta propia.

Y conforme pasaba el tiempo entré en pánico dado que nada de lo que yo hiciera servía para retroceder hacia ese primer instante en el qué tu mostraste interés y atracción hacia mí.

Nunca la hubo. 

Ahora entiendo que tú nunca me quisiste y que nunca sentiste algo genuino.

Lo único que te atrajo fue el reto, la posibilidad de obtener un nuevo juguete con el cuál podrías saciar tus necesidades sexuales, de poder y control.

Tan pronto te diste cuenta que ese juguete no escaparía de tus manos, cambiaste radicalmente y comenzaste a buscar nuevos retos, más personas que representaran una dificultad mucho mayor que la que encontraste en mí.

Y yo tuve que vivir todo esto en silencio, porque ante cualquier reclamo tú sólo reaccionabas con molestia y con desdén.

Te creíste muy astuto para ocultar tus múltiples relaciones pero yo siempre supe en qué pasos andabas. Yo me lo callaba porque tenía esa esperanza de hacerte ver que estabas cometiendo un error al buscar por fuera lo que ya tenías aquí conmigo.

Pero nada de lo que yo hiciera te haría cambiar, porque tú, abusador, eres un depredador y tu único objetivo es acumular juguetes de aparador con los cuales puedes saciar tu patológica necesidad de atención.

Y al fin me he dado cuenta de que todo lo que viví a tu lado sólo fue una ilusión.

Un espejismo que tú mismo te encargaste de crear mediante tácticas premeditadas que me fueron llevando hacia un punto en el cual creí haber dado por vez primera con el amor de mi vida.

Ahora, gracias a ti, sé que experimentar un nivel de atracción tan súbito y potente con alguien a quien apenas conozco es una de las señales de alerta más fuertes que hay.

A partir de ahora iré con mucha precaución, pues sé bien que hay gente allá afuera igual o peor que tú. Con un odio y una envidia acumuladas tan grandes que pueden destrozar las ilusiones y los sueños de gente que sólo busca compartir intimidad y crecer en compañía de alguien que le pueda brindar genuino apoyo.

Ahora sé bien que no debo volver a depender de nadie para validar mis talentos y mi capacidad de crecer.

Me llevará tiempo, pero saldré adelante muy a pesar de ti, porque allá afuera hay mucha gente que ha sido víctima de cobardes como tú y que comprenden a la perfección lo que es callar algo tan complejo ante el mundo.

Porque, lamentablemente, hasta no haber experimentado algo como lo que yo viví contigo, nadie es capaz de comprender la magnitud del daño y la complejidad del proceso que representa dejar todo esto atrás.

Lo veo en mis amigos y la gente que me quiere: Esa desesperación e incapacidad de conectar con mi experiencia. Ellos sólo se hartan de verme repitiendo la misma historia una y otra vez. Les desespera ver a una persona tan cariñosa atada a las cadenas de alguien tan nefasto como tú.

¿Cómo es posible que le ruegues a alguien así?

¿Por qué no escapaste a la primera señal de maltrato de su parte?

¿Qué hacías ahí dentro si sabías que las cosas sólo empeorarían?

Es algo que he escuchado una y otra vez de aquellos que no han vivido lo mismo.

Pero ya no me preocupa porque al fin he dado con las respuestas que tanto buscaba. Ha sido gracias a otros sobrevivientes de abuso que entiendo, por fin, que tú nunca cambiarás y que sólo empeorarás conforme provoques más caos y destrucción a tu paso.

Lo lamento mucho por las personas que crucen tu camino en adelante, pero confío en que esta información se hará cada vez más viral y llegará a los ojos de miles para que, eventualmente, situaciones como esta queden en el pasado y se puedan prevenir a tiempo.

No te agradezco en absoluto lo que he aprendido.

No te doy gracias de haberme vuelto una persona más fuerte dado que perdí muchos años de mi vida a la espera de encontrar la forma de mejorar las cosas entre los dos.

Perdí tiempo valioso que podría haber invertido en mí. Tiempo que dediqué por completo en impulsar tu crecimiento mientras veía el mío congelado de forma permanente.

Y ahora que estoy fuera del embrujo, tan sólo me queda decirte lo siguiente:

Me das lástima.

Lamento ver que, hagas lo que hagas, pases lo que pases, seguirás siendo la misma persona que fuiste cuando yo te conocí.

Me da lástima pensar en todo el daño que seguirás causándole a personas que se enamoren de ti.

Qué tristeza saberte tan débil e incapaz de admitir tus errores.

Es triste porque ocultas toda esa debilidad detrás de una monstruosa personalidad que sólo busca acabar con la luz de otros.

Lo lamento mucho, pero tú ya no eres mi problema, y eso es lo único que agradezco.

Doy gracias de ser libre de nuevo.

Me llevará tiempo recuperarme por completo pero sé muy bien que, ahora que te encuentras lejos de mi, podré salir adelante por mis propios medios.

Y ahora que me he dado cuenta de todo esto, escribo esta carta sin remitente ya que tú, abusador, eres la misma persona en distintos cuerpos, sexos y orientaciones.

Porque tú, abusador, no tienes nombre ni edad. Eres tan sólo una entidad que yo he conocido múltiples ocasiones a lo largo de mi vida.

Y eres alguien a quien yo ya no estoy dispuesto a admitir de vuelta.

Sigue tu camino de mentiras, seducción y destrucción que tantos beneficios te ha brindado hasta ahora.

Sólo recuerda que al fin, después de tanto tiempo, tus tácticas y mecanismos de control están saliendo a la luz y que, conforme pase el tiempo, tendrás cada vez menor capacidad de actuar sobre la gente informada.

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